Seguridad deportiva

Por el Doctor Juan Carlos Blanco

INTRODUCCION

El tema que abordamos en esta sección es tan complejo como apasionante, particularmente para quienes amamos la práctica del deporte, el juego limpio y por sobre todas las cosas la dignidad del hombre, sujeto principal de toda la actividad deportiva.

La violencia como fenómeno social ha nacido con la misma existencia humana, sin embargo la sucesión de hechos violentos en el ámbito del deporte moderno, sean de la naturaleza y etiología que fueren, merece un profundo y multidisciplinario análisis.

En estas primeras líneas no hemos de describir estadísticas, simplemente habremos de introducirnos en la problemática de la violencia cometida con motivo o en ocasión de la práctica deportiva.

Analizaremos en principio la realidad de nuestro país, observaremos como en el devenir de los últimos cincuenta años se han sucedido innumerable cantidad de hechos violentos dentro y fuera de los estadios deportivos, poniendo especial interés en analizar no sólo los hechos sino y muy especialmente a sus protagonistas.

Luego de haber estudiado las posturas de prestigiosos estudiosos sobre la materia, estamos en condiciones de establecer un primer "diagnóstico" sobre este fenómeno cuando sostenemos que la violencia en el deporte y la que surge alrededor del mismo se ha ido consolidando a través del tiempo, como objetos de estudio de disciplinas diferentes. Siguiendo a J. Durán González (prestigioso investigador español) podemos sostener que mientras la violencia deportiva es aquella que tiene que ver con la agresividad propia de los deportistas y las características específicas del juego, se ha convertido en uno de los principales campos de estudio de la psicología del deporte, los comportamientos violentos entre los espectadores y aficionados han pasado a ser, sin duda, una de las áreas de análisis más importantes de la sociología del deporte.

En este contexto entendemos que, a la hora de proyectar planes o estrategias para combatir la violencia en el deporte, debe atenderse inexcusablemente el tema cultural, es decir los hábitos, costumbres, formación, etc., de las comunidades hacia quienes van dirigidos esos planes y estrategias.